sábado, 29 de septiembre de 2012


El poder, el arte y la cultura

Un par de noticias provenientes de altas esferas gubernamentales durante los últimos días ha causado cierta preocupación en los círculos artísticos y culturales del vecino país de Bolivia.

Una de ellas es la proveniente del Servicio de Impuestos Nacionales (SIN), repartición que ha divulgado un reglamento para que los artistas bolivianos soliciten la dosificación de facturas “sin derecho a crédito fiscal”, lo que es presentado como una fórmula estimulante de las actividades culturales. Sin embargo, la letra chica del reglamento limita tal favor a quienes se hayan previamente inscrito en el “Sistema Plurinacional de Registro de Artistas Bolivianos”, y los espectáculos y espacios donde actúen sean auspiciados y autorizados por el Gobierno, las gobernaciones y alcaldías de los departamentos del país.

La segunda está originada en el Ministerio de Culturas, repartición que se propone concentrar bajo su férula, a partir del próximo año, la atribución de otorgar premios eliminando los actuales premios nacionales de Novela y Poesía, además del Premio Nacional de Cultura y el Premio a la Gestión Cultural “Gunnar Mendoza”, para fundirlos todos en el recientemente creado Premio Plurinacional “Eduardo Abaroa”.

No hace falta excesiva suspicacia para temer que ambas fórmulas conllevan el peligro de que las actividades artísticas y culturales sean sometidas a los criterios y parámetros impuestos por una especie de comisariato que sería, en última instancia, el que distribuya premios y estímulos a unos o castigos y trabas a otros, dependiendo de que estén más o menos congraciados con el poder. Un peligro del que nada bueno el arte y la cultura pueden esperar.

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